450,3 millones de dólares: la odisea del Salvator Mundi
Cuando hablamos de coleccionismo, de arte y de la fascinación que despiertan ciertas piezas, siempre hay un nombre que se cuela en las conversaciones más recientes: el Salvator Mundi. Y no es para menos, porque esta obra, atribuida a Leonardo da Vinci, se vendió en 2017 por la friolera de 450.312.500 dólares, incluyendo las comisiones. Ahí es nada. Se convirtió así en la pintura más cara de la historia vendida en subasta pública. Una cifra que, la verdad, a mí me hace plantearme muchas cosas sobre el arte y el dinero.
Lo curioso es que esta pieza, que representa a Jesucristo en un atuendo renacentista azul con un orbe de cristal en la mano, no siempre fue tan cotizada. De hecho, su historia es un ir y venir, una desaparición y un redescubrimiento que parece sacado de una novela de misterio.
El cuadro que valió 45 libras y luego 450 millones
El Salvator Mundi, pintado entre 1499 y 1510, más o menos en la misma época que la Mona Lisa, tiene un pasado documentado que lo sitúa en la colección del rey Carlos I de Inglaterra. Después, se le pierde la pista hasta 1900, cuando reaparece en Londres en la colección Cook, pero ojo, atribuido a Bernardino Luini, un seguidor de Leonardo. En 1958, los herederos Cook lo vendieron en Sotheby's por la ridícula cantidad de 45 libras esterlinas. ¡Cuarenta y cinco! Parece una broma, ¿verdad?
Volvió a desaparecer hasta que en 2005 resurgió en una pequeña subasta en Nueva Orleans. Allí fue adquirido por Robert Simon y Alexander Parish por menos de 10.000 dólares, creyendo que era una copia dañada. La verdad es que a mí me hace gracia pensar en la cara de estos marchantes cuando la restauradora Dianne Modestini, especialista en Da Vinci, se convenció de que tenían entre manos un Leonardo genuino. Y es que la restauración fue un punto clave, aunque algunos historiadores han llegado a decir que fue tan extensa que el Salvator Mundi es casi una obra contemporánea, una “obra maestra de Modestini”. Hay opiniones para todos los gustos, ya ves.
El gran momento llegó en 2011, cuando la National Gallery de Londres lo exhibió como un Da Vinci. Esto fue un bombazo, porque el último Leonardo descubierto había sido la Madona Benois en 1909. Después de eso, en 2013, el marchante suizo Yves Bouvier lo compró en una venta privada por algo más de 75 millones de dólares y se lo revendió al coleccionista ruso Dmitry Rybolovlev por 127,5 millones. La escalada de precios ya empezaba a ser vertiginosa.
Casi 19 minutos de puja
La subasta que batió todos los récords fue la del 15 de noviembre de 2017, en Christie's Nueva York. El cuadro se ofreció en una venta de arte de posguerra y contemporáneo, una decisión inusual para un Maestro Antiguo. La puja duró casi 19 minutos, 18 minutos y 47 segundos para ser exactos. Empezó en 70 millones de dólares y en solo tres minutos ya había alcanzado los 200 millones. El precio de martillo fue de 400 millones, y con las comisiones, la cifra final ya la sabes: 450,3 millones de dólares. El comprador, que resultó ser el príncipe Badr bin Abdullah Al Saud, actuando supuestamente en nombre del Departamento de Cultura y Turismo de Abu Dhabi, y luego se dijo que para el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman (MBS).
¿Dónde está el Salvator Mundi y de quién es realmente?
Desde esa venta récord, la obra ha estado envuelta en el misterio. No se ha vuelto a exponer en público y su paradero exacto es incierto. Algunos dicen que está en una bóveda en Suiza, esperando un nuevo centro cultural en Arabia Saudita. Otros, que estuvo en el yate de lujo del príncipe Mohammed bin Salman. Aunque, si te soy sincero, esto último me cuesta creerlo. Un marchante de arte, Yves Bouvier, ha dicho que sería una “absoluta estupidez” poner un cuadro así en un yate por el aire del mar y la evaporación, que podrían deformar el soporte de madera. Y tiene toda la razón, creo yo.
Además del paradero, la autoría sigue siendo un debate candente. Christie's y algunos expertos defienden que es un Leonardo auténtico. Sin embargo, otros especialistas insisten en que partes importantes podrían ser del taller de Da Vinci o de la restauración. No hay un consenso institucional. Y, por si fuera poco, una investigación de 2026, usando inteligencia artificial, sugiere que el Salvator Mundi podría no ser de Leonardo, sino de su discípulo Giovanni Antonio Boltraffio, con un 81% de probabilidad.
A mí, que me dedico a esto de las antigüedades, la verdad es que la historia del Salvator Mundi me parece fascinante. Es un ejemplo perfecto de cómo el arte se convierte en una herramienta especulativa, en una pieza de coleccionista que trasciende su valor artístico para convertirse en un símbolo de estatus y, por qué no decirlo, en un arma cultural. Pero más allá de las cifras y las controversias, lo que me pregunto es: ¿dónde acabará esta obra? Y, sobre todo, ¿cuándo volveremos a verla?
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